I
La cámara, los objetivos y la bandolera se quedan en la estantería en esta ocasión; en su lugar, una bolsa de tela, una compacta, una barrita de cereales, los tapones y la aplicación de notas en el móvil. Herramientas para captar el último Gigante, una gira que ha tenido a Leiva y los suyos en la carretera desde que sonó la primera nota en Toledo, allá por mayo de 2025. Kilómetros, aeropuertos, hoteles, el estreno de una película documental, premios, reconocimientos, cuidados, dudas… que se cerraban el miércoles 30 de septiembre en Madrid. Una noche -la cuarta en menos de un mes- en la que dieciséis mil amigos se reunían en el Movistar Arena para cantar juntos. La vida sin nostalgias y en comunión.
II
19:45. Salvo las primeras filas, la pista es un espacio infinito y frío, sin agobios; las gradas, en cambio, lucen azules, no hay prisas en los sectores numerados. Así comienza una espera que tendrá olor a palomitas y bocadillo de pimientos y tortilla. La mirada se detiene en un grupo de amigos que brindan con cerveza, salvo uno que esgrime una piruleta. Sobre el escenario, tres técnicos comprueban que todo está en orden. Los últimos detalles. Durante el concierto, al igual que en los equipos de Fórmula 1, mostrarán su saber hacer. “Me he perdido”, confiesa una chica que trata de encontrar a sus acompañantes; laberintos corporales que pueden jugar una mala pasada.
20:30. Él ha venido desde Barcelona. Solo. Movido por la música de un artista que descubrió en Nuclear, hace unos discos. Compró la entrada el lunes a buen precio. No lo dudó. Tren por la mañana, paseo por la ciudad y directo a vivir, una vez más, otra gran noche. La pareja de la izquierda viene desde Sevilla, es su segundo Gigante; ya estuvieron bailando Cortar por la línea de puntos en su ciudad. Esperan pacientemente otra cita inolvidable. Empiezan a verse banderolas de color flúor amarillo: son los incansables repartidores de cerveza, previo pago, claro.
20:50. La pista ya está llena. Comodidad en el enésimo sold out de un recinto récord. Manos arriba con la linterna del móvil encendida: boyas luminosas para quienes no han conseguido esquivar el tráfico de la ciudad. No faltan los selfis que inundarán las redes en las próximas horas.
20:55. Diez minutos y arrancará el último asalto. Surge una duda, pero una rápida consulta a la pareja andaluza y la ayuda de Shazam lo resuelven: suena Rocks, de Primal Scream. Ha sido algo más de una hora de espera, entre observaciones y la certeza de que esa previa ha ido generando una energía que está a punto de transformarse y amplificarse…
III
Bajo presión, La lluvia en los zapatos, Gigante, Lobos, Terriblemente cruel, Superpoderes, Sincericidio y Breaking Bad. Escribo los primeros ocho temas y la expresión “pausa de hidratación”. Hay tanta intensidad, calidad, verdad y felicidad encima del escenario que podría peligrar la integridad física de la banda. Entre todos los momentos que está dejando el directo, anoto cuando Leiva se dirige a su hermano: “Te quiero mucho, Juanchito”, reconociendo el esfuerzo que está haciendo en estas cuatro fechas de septiembre (hace unas semanas se lesionó una rodilla que le ha obligado a cambiar algunas fechas con Sidecars). O cuando pide la colaboración del público para crear el futuro coro de voces de uno de los temas de su próximo disco, un estribillo que se canta de memoria o con la ayuda de la pantalla del móvil. Entrega máxima. Y también cuando lanza besos al cielo recordando a Robe.
IV
Una notificación en ese móvil que hace de libreta recuerda que es hora de irse a la cama. Son las 23:00. Entramos en las líneas de los agradecimientos, en el recuerdo a las setenta personas que han hecho posible esta gira, en la petición del aplauso más grande para ellos, en la presentación de la banda y en el abrazo grupal que culmina el trabajo bien hecho. “Jamás lo normalizaré, hasta siempre Madrid”. Así se despide Leiva. Son las 23:09. “Vayan saliendo”. Mientras se forman diferentes procesiones que se dirigen a las salidas, me fijo en el suelo: los recipientes de palomitas y los vasos de cerveza recuerdan que todo no puede ser perfecto. 23:15. Vuelvo a la calle.
No, no se quedó sin voz. GIGANTE - GIGANTES.